Escribe Mons Ramón Masnou: “Ayudar y animar es una actividad ambigua: se ayuda a levantarse y se ayuda a caer; la comadrona y el médico normal ayudan a nacer, el cirujano abortador y la enfermera cooperadora, libre o coaccionada, ayudan a morir, matando y destrozando. En las vivencias de la fe, de la moral y de la pedagogía también se puede ayudar y animar de una y otra manera. Se puede ayudar al cristiano de la Iglesia a vivir más cerca y con más fidelidad a la tonalidad, digámoslo así, del Evangelio –enseñanzas y ejemplos de Jesús- , o bien se le puede debilitar proponiéndole mirar con un ojo una página del Evangelio y con el otro los dictámenes, las exigencias y las modas de la cultura, de la modernidad y la mundanidad, realidades cambiantes que puede llevar y llevan a relativizar la Buena Nueva o, cosa peor, pero posible y real según los casos, a MUNDALIZARLA”.
Cuando leo noticias de sacerdotes, obispos y altos responsables de la Iglesia, con declaraciones en relación a la vida, a la familia, al comportamiento social, igualitas, igualitas a las que pudiera hacer un ateo, agnóstico o pagano, pienso que tendrían que dejar la Iglesia de Cristo y constituir de nuevo la Iglesia de la Ley Natural, admitiendo incluso las excepciones: a la honesta corrupción, la de dañar a otros (si aún están en el vientre materno o ya, enfermos o viejos o depresivos si están cansados de vivir), cumpliendo incluso la tercera de dar a cada uno lo necesario, dando simplemente, por ejemplo, un jergón para dormir por la noche a la intemperie. La Ley Natural interpretada, lógicamente, según la conciencia de cada uno. ¡Qué dejen a la Iglesia católica para que mantenga la sana doctrina de Cristo!
Dicen que estamos a un paso del fin del mundo. Se preguntaba Jesús si encontraría fe al venir a juzgar a la Humanidad. También afirmó que la Iglesia permanecería a pesar de las acometidas del Infierno…Profecía que se cumple ya porque el Árbol se está quedando ya sin hojas.
Jaime Solá Grané