Ss. Ricardo, rey de Inglaterra; Aido, Amandino, Amolvino, Drausio, Maelán, Critán y Lonán, Aprión y Fintán, cfs; Crisolio, ob, mr. y ap. de Francia y Holanda; Sergio, Teodoro María, y Adauco (Adaucto), mrs;Angulo, Lorenzo y Patermio, obs; Juliana, vd; Coleta, v. fra; Nivardo, cf; Moisés, an, ob. y ap. de Arabia; Claudio Apolinar, ob, Máximo, y Fidel, obs; Lucas, an. y taum.
Introito
Madre espiritual nuestra, primero que Madre natural de Cristo (Ab. Guillermo).
Amable gloria del humano linaje, en quien todas las gracias, virtudes y privilegios tienen su resumen y principio. El sol brilla más que la luna, la luna más que las estrellas: así comparados con los resplandores de María apenas lucen los de las restantes criaturas (Adán de S. Víctor).
Rara estrella, que por extraordinario camino dio al mundo un sol (Misal Rom. antiquísimo).
Inmensísima María, más capaz eres que el cielo, pues lo que en él no cabe, en tu vientre cupo (S. Bernardo).
Amparo segurísimo nuestro. A la Santísima Virgen María, benditísima de Dios, y a todos los otros santos y santas hónralos y tenlos en veneración y estima, y como amigos que son de Jesucristo, que vive para siempre en los siglos de los siglos (Juan Luis Vives).
Son numerosos los símbolos: -El Paraíso terrenal con el árbol que daba la vida, es la Santísima Virgen verdadero Paraíso donde Cristo, árbol de vida, brotó. -El Arca de Noé que se salvó del naufragio. -La paloma del arca que por no descansar en el cieno de la tierra, vuelve blanca al arca con el ramo verde en su pico ¡qué hermosas imágenes de María!
-La escala de Jacob que junta el cielo con la tierra. -La vara de Aarón que florece en la oscuridad del Tabernáculo y en presencia de solo Dios. -El Arca de la Alianza, fabricada con maderas incorruptibles y que encerraba los grandes misterios. -La zarza ardiendo, y que ardía con un fuego divino sin consumirse, rodeada de la majestad de Dios. -Estos y otros mil y mil símbolos que hay en las Sagradas Escrituras, revelan la hermosura, la dignidad, la grandeza y excelencia de María… No parece sino que Dios sacaba partido de todas las cosas, para refrescar en los hombres la memoria de su Madre, y hacer que vivieran esperando en Ella (P. Rodríguez Villar).
Meditación: EL BUEN VINO
Es bien fría, Señor, toda mi sabiduría; y mis prudencias son muy timoratas. Mi virtud no camina al paso embriagador de las grandes aventuras; y casi nunca le coge el deseo de cantar, como a Francisco de Asís a lo largo de las rutas de Umbría. Presiento a veces como unas bienaventuranzas algo locas que me han hecho señas como de invitación y que, demasiado absorbido por el cuidado de la etiqueta, he desatendido. Porque hay una manera triste y sombría de ser sobrio; como hay una manera cicatera y mezquina de ser pobre. Vuestra Iglesia, Señor, es como la Amada del Cantar, que ofrece la copa del vino aromático –vinum conditum- que nadie va a beber.
¿No bastaría dejar de estar distraído para estar maravillado?
¿No hay una santa embriaguez en esta afirmación inaudita que Dios se ocupa de todos los detalles de mi vida y que yo tengo un inmenso valor a sus ojos? ¡Cómo, pues! Una simple declaración de amor sacude de gozo a los prometidos, y yo no me contente con registrar sin emoción, como una cosa probada y de necesaria aceptación, el hecho de la Creación, el hecho de la Encamación, el hecho de la Eucaristía, el hecho de la Iglesia… La vida se parece siempre a una embriaguez, lo cual no significa una locura. Es conquista y desafío y riesgo y triunfo, y todo esto es lirismo como el lirismo de los huertos en primavera, como el tumulto loco de la vegetación en la selva virgen; como el de los enjambres de abejas o el de los pájaros emigrantes.
Con la certeza de mi fe, quiero, Señor, cantar también el esplendor de mi esperanza. El vino es social: no quiero, desde luego, pensar solamente en mis intereses ni concentrar toda mi atención en mi persona, y mis ideas, y mis trabajos y mis méritos. El vino es generoso: desata las lenguas y hasta las bolsas. Aceptaré sus lecciones simbólicas, y peor para quien encuentre que es vulgar este maestro. ¿No os llamaron también a Vos, la Sabiduría eterna, un bebedor de vino: potator vini? Tengo mucho miedo a esas pequeñas religiones muy arregladitas, demasiado decentes, al gusto pobre de los que las hicieron a su imagen. Prefiero estos misterios formidables que nadie ha acabado de abarcar; estas verdades que me conmueven y me zarandean, como el oleaje recio del océano hace a los nadadores. Amo a un Dios que me agita y me desconcierta. Si fuera sólo el eco de mis preferencias, sería otro yo; ya me cuesta mucho trabajo entenderme conmigo tal como soy. Seamos dos.
Oración
¡Oh, qué luz nos ha resplandecido, oh Virgen sagrada! ¡Oh, qué gozo nos ha sobrevenido!¡Oh, qué tesoro ha sido puesto en nuestros armarios! ¿Con qué te pagaré este favor que me has hecho, oh Virgen? ¿Qué alabanza será digna de ti, que conduces nuestras esperanzas a buen fin, nos das beneficios inefables, y con tu mediación nos alcanzas dones que apenas podemos comprender? Tú eres la revelación de los misterios escondidos, tú el complemento de los bienes que esperábamos. No hay entendimiento que pueda abarcar lo que tú eres, porque eres el espectáculo que vemos y no comprendemos, la novedad sorprendente, cuya noticia no tiene igual, y la narración peregrina celebrada en todas las lenguas (Jacobo Monje).