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TRES ACTITUDES

TRES ACTITUDES

Ante la Justicia vindicativa de Dios caben en el hombre determinadas actitudes: TRES ACTITUDES

a) no querer verla. No pensar en ella. Como si no hubiera otra vida.

Hará unos veinte años, al inicio de nuestra editorial, se mostró el catálogo inicial a un abogado inteligente pero bastante alejado de la práctica religiosa. Leyó con atención los títulos pero con el dedo índice señaló solo uno: “Infierno, una eternidad de dolor a la espera!” Cierto, lo único que puede hacer estremecer a un alejado es el tema del Infierno, destino inmediato del réprobo después del aterrador juicio de Dios. De ahí la necesidad imperiosa de hablar y de escribir sobre el Infierno y de meditar sobre el tema. Quizá ni los sacerdotes ni los laicos predican bastante sobre el Infierno.

b) otra actitud, la de Lutero. Creer que sea pecador o justo estoy ya perdonado y justificado porque creo en Jesús, el Hijo de Dios encarnado y muerto por amor a los hombres para borrar los pecados.

Es triste que de una realidad tan sublime -más aún imposible se pueda sacar tan funesta consecuencia: se pueda despreciar, de facto, el amor redentor de Dios y hacer obras contrarias a su voluntad.

Así los luteranos han osado decir que la justificación consistía en la simple aplicación de la santidad de Dios, según nos transmite el gran apóstol del Sagrado Corazón, P. Ramière.

c) la actitud verdadera: la criatura se mantiene en la humildad del pecador, pero confía en que es hijo adoptivo de Dios, y esta convicción le da fortaleza -todo gracia divina- para hacer obras de Amor auténtico. Cuando falta estos antecedentes, las obras fácilmente se convierten en desviamientos del amor.

Jaime Solá Grané

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Noticias Cristianas

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