Artículo del día

¡QUÉ SOLOS SE QUEDAN LOS MUERTOS!

Written by Jaime Solá Grané

En la clase de literatura, este verso de Bécquer era tenido como signo de la increencia del poeta. Sea lo que fuera, eran tiempos en que se daba prioridad al alma. Voy muy a menudo al cementerio donde reina el silencio. De vez en cuando un visitante. Y no puedo dejar de recordar la acertada frase de san Juan Crisóstomo: “¡Oh qué bella escuela son los sepulcros de los difuntos para conocer la vanidad de los bienes del mundo y aprender la ciencia de los santos!” Y medito cuán acertada es la expresión del Poeta si lo centramos todo en el cuerpo. Y veo los nichos, parterres, tumbas de gente importante. Sus cuerpos, evidentemente podridos y ¿sus almas? Quizá todas en el Infierno y les digo:

Don Amancio, ¿sigue siendo Vd. el hombre más rico del mundo?. Don Rafael, ¿siguen revalorizándose las acciones de su empresa?. Doña Alicia, ¿sigue incrementándose la valoración de sus sicav?. Don José, ¿sigue viento en popa el negocio de sus seguros?. Don Emilio, ¿le sigue llegando dinero de todas partes? Don José Manuel. ¿le sirven de algo sus ediciones en el lugar donde está?. Don José, ¿sigue acaparando inmuebles?. Don Joaquín, ¿sigue extendiendo el dominio del hormigón?. Don Juan, ¿abrirá nuevos canales de distribución?. Podría seguir con los innumerables poderosos de este mundo…

A veces añado el nombre de algún Obispo y de otros consagrados. El cementerio está lleno de lápidas de religiosos. ¿De verdad que todos estáis en el Cielo o en camino? Permitidme una honesta duda.

Y cuando llego aquí me acuerdo de Chesterton, para quien la duda es siempre un defecto. Vd. con su agudeza diría: “¿Por qué no pone también su nombre entre los nombrados? No se necesita ser poderoso o rico para ir al Infierno”. Gracias Chesterton. Vd. siempre acierta. También mi nombre está escrito en las paredes infernales. Pero YO NO QUIERO IR. Quizá solo en esto estribe la diferencia…

Jaime Solá Grané

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