Artículo del día

TENTACIONES

Written by Jaime Solá Grané

Tentaciones“Hijo, si quieres servir a Dios, consérvate en justicia y en temor y prepárate para la tentación”, (Sira, 2-1)

Tiempo de guerra es estar en el mundo.

Jesús nos lo dejó dicho: “No he venido a traer la paz, sino la guerra.”

El Cielo es tiempo -eternidad- de paz.

Por tanto, que nadie se tenga por seguro, porque vivimos tiempo de lucha; al que venza se le dará el descanso, la bienaventurada paz.

En este mundo, la vida del que quiere ser justo, es vida de pelea, no de triunfo, San Pablo sentía la repugnancia que su propia carne tenía a lo bueno y cuán grande era su inclinación a lo malo. Deseaba verse libre de esta tendencia, “No hago el bien que quiero sino el mal que aborrezco. Siento otra ley en mis miembros que contradice a la ley de mi espíritu y me arrastra cautivo en seguimiento de la ley del pecado que en mis miembros tiene asiento”, (Rom. 7-19).

Ya antes había dicho Job: “La vida del hombre sobre la tierra es una continua guerra” (7-1); y la comparaba a un trabajador a jornal, que se cansa todo el día, sin parar, pero que sabe que después vendrá el descanso, el premio.

Para nosotros, hombres, cada día es día de trabajo y de tentaciones; pero sabemos que al fin habrá premio para el que venza.

La causa o raíz de esta guerra es el estigma del pecado original que se manifiesta en la rebelión y contradicción para todo lo bueno. Quedó maldita la tierra de nuestra carne. Tierra de la que brotan cardos y espinas, o sea las apetencias malsanas que nos punzan de continuo, y acaba convirtiendo la tierra -la carne- en enemiga del alma.

Nuestra alma va en esta barca llamada cuerpo, nave rota y agujereada que se debate por el agua que le entra y por las olas que se levantan: son los muchos movimientos y apetitos desordenados que la quieren anegar y hundir.

De ello se sigue que la causa de nuestras continuas tentaciones es la corrupción de nuestra naturaleza, la inclinación al pecado que nos ha quedado impresa en el alma y que domina nuestro cuerpo.

Tenemos el enemigo en casa.

¿De qué espantarse cuando nos vemos asediados de tentaciones si somos hijos de Eva, concebidos y nacidos en pecado?

Ya el mismo Hijo de Dios encarnado nos enseñó a pedir a nuestro Padre del Cielo, a no caer en la tentación. No pedimos “no tener tentaciones”; pedimos vencer cuando llegue la inevitable tentación.

Del libro: “Las Tentaciones” de próxima aparición.

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Jaime Solá Grané

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