Artículo del día

LA TERRIBLE REALIDAD DEL PURGATORIO

Written by Jaime Solá Grané

¿Son muchos o pocos los que se salvan?  purgatorio02

La tesis rigorista dice que son pocos. Los rigoristas son austeros, sacrificados y comprueban fácilmente que la mayoría de cristianos no ayunan no se disciplinan ni llevan cilicio como ellos. Así es fácil creer que solo los rigoristas se salvan.

Los optimistas creen que se salvan muchos por la infinita misericordia de Dios, por su voluntad salvífica universal, por la misma predestinación concedida por Dios antes de prever los méritos que los que se han de salvar, por la sobreabundante redención de Jesucristo, por la intercesión de María (refugio de los pecadores), por la responsabilidad subjetiva del pecado y en consideración también de las terribles penas del Purgatorio. A este último tema voy a referirme.

Por primera vez que yo sepa un Papa, Benedicto XVI en una Encíclica ha tocado la cuestión: Spe Salvi. “Puede haber personas que han destruido en sí mismas todo el deseo de la Verdad y la disponibilidad para el amor (…) En semejantes individuos no habría ya nada remediable y la destrucción del bien sería irrevocable: este es lo que se indica como la palabra Infierno”, El Papa sitúa en el otro extremo las personas “purísimas que se han dejado impregnar completamente de Dios.” Prosigue el Papa: “Según nuestra experiencia, ni lo uno ni lo otro son el caso normal de la existencia humana. En gran parte de los hombres —eso podemos suponer— queda en lo más profundo de su ser una última apertura interior a la verdad, al amor de Dios”. Esta gran parte de la humanidad será purificada por el fuego que arde y salva del Purgatorio.

En las revelaciones a santa Catalina de Siena, Jesús le dice: “He destinado (a los demonios) a ser instrumento para ejercitar a mis servidores en la virtud y como verdugos de los que por sus pecados van a la eterna condenación, lo mismo que los que van al purgatorio, (…) ejecutores de la justicia que se manifiesta con los condenados y con los del purgatorio”.

Este es el terrible dolor de las almas que sufren el purgatorio: privadas de la visión de Dios que las rechaza aunque temporalmente, y la presencia del demonio. LA PRESENCIA DEL DEMONIO. Mayor sufrimiento es imposible Salvo en el Infierno, donde no hay la esperanza que tienen las almas purgantes.

Jaime Sola Grané

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Jaime Solá Grané

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