Meditación

… para el mes de Octubre

Introito

Feliz tú, oh Palacio. ¡Palacio del gran Rey! Tu puerta se niega a los mortales; el Rey glorioso habita en Ti: su amor es un muro [de protección] para tu belleza.Tu seno escapa a los dolores de la maldición. Por la serpiente entraron los dolores en la mujer: confúndase aquel inmundo viendo que los dolores por él causados no se dan en tu seno.
Oh Virgen llena de maravillas, que nos ha parido al Hijo de Dios, son incapaces ante Ti mis indignos labios de hablar de tu pureza. ¡Los Querubines, con su cuádruple rostro, no son tan santos como Tú; los Serafines, con su séptule ala, no son más hermosos que tu belleza! No son más puras que tu pureza las legiones excelsas de los ángeles que sostienen y llevan al Niño que nació de tu seno (S. Efrén).
En sustitución de la virgen Eva, instrumento de muerte, Dios nos ha devuelto la vida por mediación de una Virgen muy agradable a sus ojos y llena de gracia divina, una virgen incluida en el sexo femenino, pero no partícipe de la culpa de la mujer, una virgen inocente, inmaculada, libre de toda culpa, sin mancha, santa de espíritu y de cuerpo, un lirio entre espinas… y que no conoce los males que vienen de Eva… Digna de su Creador, nos fue dada por la Divina Providencia, no para estimular la desobediencia, sino para guiarnos por el camino de la obediencia; hija de Adán, pero desemejante a él (Teódoto de Ancira).

Meditación

SOBREVINIENDO LA TRIBULACIÓN

La semilla sembrada en los peñascales es el que oye la palabra y la recibe luego con alegría, pero no tiene raíz en sí misma, sino que es temporera, y sobreviniendo la tribulación o persecución por causa de la palabra, luego se escandaliza (Mt 13, 20,21).
Señor, las almas que tú formas son almas fuertes. ¿Por qué las encontramos tan escasas en nuestro derredor? ¿Por qué no soy yo mismo más valiente en las dificultades, más constante en las pruebas, más firme ante la fatiga que se apodera de mí, o ante el peligro imprevisto? ¿Por qué cuando se les sacude a tus siervos como a los árboles, se dejan arrancar de raíz? ¿Por qué los largos años de su formación no consiguen, con frecuencia, más que conservarlos buenos mientras ellos duran, y los dejan tan desarmados en el momento de los verdaderos deberes?
Tú has dicho que debemos echar raíces en un suelo profundo. Las raíces no consisten en consignas, ni siquiera en imperativos numerosos y precisos; sino en convicciones reales, íntimas que brotan lentamente y del interior. Nada hay más fácil que dar órdenes; pero nada hay tan trabajoso y a veces tan desesperante como ayudar desde fuera a formar convicciones.
Se imaginan algunos que con emociones y ternuras puede uno llegar a hacerse fuerte y a realizar grandes progresos. El pecado echa por tierra todos los días esta ilusión. Creen que con enganchar a un carro los caballos de la estepa conseguirán domarlos, pero no saben que su instinto salvaje, por un momento contenido, les mueve a escaparse en cuanto dejen de estar sujetos. Para formar discípulos se necesita fe; más que seducciones, es menester una doctrina. Nadie puede quitarnos nuestras responsabilidades, porque si obedezco, tengo que dar cuenta de esta obediencia, y ya que es meritorio observar mis votos y someterme a la autoridad, resulta que este acto nunca cesa de ser libre, y por lo tanto su autor siempre es responsable.
Cuando los fieles son puestos a prueba, muy a menudo se los hace vacilar; señal que su fe es rutinaria y su virtud quizá no es otra cosa que la ausencia de ocasiones de obrar mal. Concédenos, Señor, esos valientes reclutas que tu Iglesia suscita en los días de crisis. Haz que desciendan sobre nosotros las virtudes sólidas; haz que seamos completamente sinceros y que te amemos sabiendo muy bien por qué.
Comprender el por qué de nuestros deberes es una obra laudable. Tu Iglesia ha condenado a todos los que despreciaban la razón o desterraban la filosofía profana. Podremos más fácilmente resistir y mantenernos firmes cuando nos azote la contradicción, si nuestros principios están en armonía con la realidad y de acuerdo con la verdad.
La experiencia me ha enseñado hace ya mucho tiempo que ciertas resoluciones, por más firmes que sean, se vienen abajo fácilmente, como las estatuas de aspecto guerrero, a las que se arroja del pedestal con un simple movimiento de palanca. En cambio, para derribar un abeto se necesitan más esfuerzos, porque el árbol está estrechamente unido al suelo que le sustenta. Dios mío, tú solo puedes infundir en mí el germen de las convicciones más tenaces que las decisiones, la fe robusta lógicamente anterior a las prácticas cristianas y el impulso del espíritu hacia tu Verdad.
Una convicción robusta tiene a veces desgraciadamente una apariencia áspera, y los que poseen una voluntad enérgica están expuestos a atropellar al prójimo. El nadador no avanza sino hendiendo las olas, y no se forma una senda a través de un bosque sino talando determinados árboles. Todavía no veo bien cómo puedo ser fuerte conmigo mismo sin ser duro con los demás, y no quisiera hacer mal a los que me rodean. Tú eres el que vas a darme ese tacto sobrenatural. No quiero la debilidad muelle que se imagina que el sufrimiento es malo y que un alma bondadosa no hace sufrir nunca a nadie. Sin el sufrimiento que me ha formado, nada sería. Mi vida no tiene por finalidad halagar al prójimo o entonar cantinelas lánguidas a los oídos de todo el mundo, sino hacer a la criatura digna de Cristo. Si para conseguirlo es menester que el prójimo sufra y llore seré criminal ahorrándole estos esfuerzos y suprimiéndole estos méritos. Pero no hay que hacer sufrir sin provecho; no hay que exasperar ni descorazonar a los débiles, no hay que quebrar la caña ya hendida. Tu gracia nunca me ha otorgado descuentos sobre tus exigencias; es implacable y si embargo tan dulce… Dios mío, hazme conforme a tu imagen, y que mi acción se asemeje a la tuya.

Oración

Dígnate, Virgen, que tu siervo te alabe y diga: Ave, Virgen beatísima entre las mujeres; ave, estrella fulgentísima de quien salió Cristo; ave, ilustrísima luz, madre y virgen; ave, tú que pariste maravillosamente al Rey de todas las cosas; ave, tú por quien nos ha lucido el sol clarísimo; ave, señora más sublime que todas las cosas; ave, cántico de los querubines e himno de los ángeles; ave, paz, gozo y salud del mundo; ave, alegría del linaje humano; ave, alabanza de los padres y encanto de los profetas; ave, hermosura de los mártires y corona de los santos; ave, gloria de los devotos y píos, e himno de los solitarios; ave, ornamento clarísimo de las jerarquías celestiales; ave, oración de los escritores de alabanzas; ave, gusto de los que habitan en el mundo; ave, de la vida, gozo y deleite; ave, vallado de los fieles y salud del mundo; ave, puerto tranquilo; ave, libertadora de los que están envueltos en olas; ave, auxiliadora nuestra, para los que peligran; ave, resurrección de Adán nuestro primer padre; ave, sabrosa libertad; ave, madre de todos; ave, fuente de gracia y consolación; ave, refugio y vida de los pecadores; ave, propiciatorio de los que trabajan (S. Efrén).

About the author

Jaime Solá Grané

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