Meditación del día

… para el mes de Junio

Entrada

Considera cómo se verificó en la beatísima Virgen lo que dice Cristo de la buena tierra y buena semilla, que son los que reciben la palabra de Dios en corazón, no sólo bueno, sino óptimo en superlativo grado; la retienen, conservan y dan fruto en paciencia, porque no hubo después de Cristo corazón más limpio y puro que el suyo ni quien con más estima recibiese su palabra, ni con mas cuidado lo guardase ni vendiese frutos de mayores ni más perfectas obras. Pondera todas estas cosas y gózate de su santidad, y dale mil gracias a Dios por las que hizo a esta celestial princesa y pídele que te enseñe a lograr las mercedes de Dios (P. Alonso Andrade).
Misterioso complemento de la Trinidad; porque la Virgen había de ser el medio por quien el Hijo natural de Dios había de ser otra vez hijo natural en cuanto hombre de su mismo Padre (Hesiquio).
Amada Esposa del Espíritu Santo, pues en ella bajó, no a la ligera, desprovisto, y como quien va de paso, sino con todas las virtudes esenciales; la vistió de gracia, la adornó, y la compuso (S. Atanasio).
Rayo de la divinidad de Dios (¨S. Bernardo) No se puede imaginar que la plenitud de gracias fuese pasajera en la Santísima Virgen (S. Atanasio).
Indeficiente y secular sostén de la Iglesia. Y ¿cómo no ha de mostrarse pródiga en dar todas las riquezas de su piedad a esta Esposa inmaculada de Cristo, ora a fin de aliviarla en las fatigas y pesadumbres del destierro, ora para prosperarla en el inestimable bien de la unidad entre toda cristiana familia, cuando es ella misma fruto insigne de su maternidad? (León XIII).
Asiento y trono de Dios. «El que me crió descansó en mi tabernáculo». Quiere decir: El que en eternidad me predestinó para Madre suya, este mismo me dio tanto favor, me sublimó y significó de tal manera, que retraído en mi vientre virginal, se hizo hombre para salud y remedio de los hombres, recreándose y descansando en mis entrañas purísimas (Bto. Alonso Orozco).

Meditación

1º ESTÁ OCUPADO EN SER FELIZ

Para que la vida sea buena y dulce, preciso es que la ocupación la envuelva y la penetre como el aire rodea y penetra el cuerpo.
No tener, fuera de los deberes principales, una ocupación útil que llene todos esos pequeños instantes durante los cuales el espíritu y el corazón se quedan solos, equivale a sembrar lentamente en nosotros mismos las semillas de un malestar que tarde o temprano acaba por matar la alegría, agriar la índole, entibiar la virtud.
No parece sino que para que la vida de una persona sea buena y útil, sólo pude exigírsele que tenga nobles pensamientos, que hable siempre con gracia, que sea asidua en las horas de trabajo y en las exigencias de su posición. Pues bien, no es así, con todo esto, su vida no será suficientemente buena, ni, por consiguiente, meritoria, si además de tales actos, cuando se halla a solas consigo misma deja fluctuar por los espacios imaginarios su espíritu y su corazón, porque entonces su vida se llena de pequeños vacíos.
En esos minutos desocupados que deja el no hacer nada, se deslizan para mostrar su presencia dentro de un plazo más o menos largo, los disgustos a propósito de una niñería, las nubes que entenbrecen, las pequeñas sospechas, los mutismos súbitos, las palabras ásperas, los hastíos que se prolongan, los enfados sin causa.
Madres y amigos, que queréis que siempre os amen, buscad siempre una ocupación nueva e interesante para aquellos por quienes os sacrificáis.
Y vosotros, que anheláis permanecer siempre alegres, puros y amantes, imponeos siempre también el deber de hacer algo, algo determinado, que os evite la molestia de buscar, algo sencillo, que podáis dejar y volver a tomar sin apresuramiento; algo atractivo, que os solicite tan pronto como hayáis dado fin a vuestras ocupaciones formales, que os retenga con su hechizo, que llene los huecos de vuestra labor diaria, como, por ejemplo, completar una colección, leer un libro, adquirir una nueva amistad, perfeccionar una obra de arte, etc.
Dios ha dado a la ocupación la misión que ha asignado al viento del norte: purificar los miasmas del corazón, como el viento purifica los miasmas de la atmósfera.
Los santos han estado siempre muy ocupados y aun ocupados en exceso.

2º LA MEJOR OCUPACIÓN

Nada hace la vida tan dulce y suave como la oración.
Hay la oración personal, la cual, cuando el alma está aislada de toda criatura, no se compone más que de dos palabras, únicas que aciertan a proferir nuestro labios: Dios y yo; Dios para armarme, yo para adorar, alabar, glorificar, agradecer.
Dios para darme, yo para recibir humildemente, para anonadarme, para pedir, para esperar, para someterme.
¡Ah, quién sería capaz de decir lo que pasa entre el alma y Dios!
Hay la oración en compañía de otro, durante la cual dos almas unidas por la santa amistad, confunden sus pensamientos, sus deseos, y olvidándose de lo que a sí propias les pertenece, se presentan a Dios como una sola persona, y le dicen como si en realidad no fuese más que una: ¡Tened piedad de mí!
Hay la oración a distancia, hecha por dos corazones separados, a la misma hora y con las mismas palabras: oración suave, que todo los días aproxima dos pobres corazones afligidos por el adiós de la partida, y que, bajo la mirada del Omnipotente, viven por un instante la misma vida y se fortalecen para continuar, cada cual por su lado, su camino hacia el cielo.
Y sobre todo, hay la oración en común, la que tiene la promesa de la presencia especial de Dios; oración tan consoladora para el alma débil y culpable, que esta puede decir en verdad; Mi oración sube al cielo sostenida por la de los demás.

Oración

Te alabamos, Señora y te bendecimos, porque eres la Virgen en quien Dios tiene puestos sus amores, nube reluciente del Sol que ilumina los entendimientos; y esperamos que nos merezcan nuestras alabanzas siquiera un tenue rayo de esta luz que te llena toda, que bastará para disipar tantas tinieblas que la ignorancia y las concupiscencias han tenido sobre nuestra alma. Calma también, prudentísima Virgen, esas bravas olas de sensualidad que hieren de continuo en nuestro pecho; envíanos tu auxilio para salir vencedores de la furia infernal, y danos a gustar el sabor del pan celestial que tenemos en Cristo (S. Sofronio).

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Jaime Solá Grané

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